Mariano Moreno

Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas iluciones sucederán a las antiguas, y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía.
Mariano Moreno

lunes, 30 de abril de 2012

Por un 1° de Mayo con la clase obrera como sujeto historico para un cambio revolucionario.


Por un 1° de Mayo

con la clase obrera como sujeto histórico

para un cambio revolucionario.



En un nuevo aniversario del 1° de Mayo, más allá del merecido recordatorio, creo que es necesario correr el eje y transformar el acto simbólico en un campo de debate imprescindible para discutir al trabajador, al obrero o mejor dicho a su clase.

La clase obrera viene siendo bastardeada desde hace unas cuantas décadas, y lo peor del caso es que quien lleva la iniciativa es una burguesía retrograda, incapaz de dirigir el avance de las fuerza de producción a nivel mundial sin provocar grandes sangrías en la clase obrera y en las grandes masas empobrecidas.

El gran avance en el desarrollo del capitalismo producido por la ultima revolución tecnológica de los años ’80 con la consiguiente concentración y centralización del capital, sumado a la capacidad de deslocalizar los sistemas de producción de acuerdo a sus necesidades, ha logrando abaratar costo y aumentar las ganancias, reduciendo en cantidad a la clase obrera. Esta nueva realidad material se ve reflejada en la lucha ideológica, la que lleva a cabo la burguesía en contra del proletariado y dentro del mismo campo popular entre sus distintas corrientes, ocasionando profundas disidencias a la hora de diseñar políticas que nos permitan aunar esfuerzos, estas diferencias son un punto de inflexión que pone en cuestionamiento el rol histórico de la clase obrera y su protagonismo político.

La muerte de las ideologías ya es un viejo argumento elaborado por la burguesía para seguir socavando al campo revolucionario luego de la caída del muro de Berlín y el derrumbe del bloque socialista, que a pesar de los autoritarismos, las desviaciones, la burocracia y la falta de autocritica fue un fuerte referente y una contención al avance del imperialismo. La desaparición del “socialismo” se convirtió en un golpe mortal del cual todavía no hay muestras de recomposición.

Y aunque esta teoría ya sea vetusta las organizaciones revolucionarias siguen acarreando el lastre de la incomprensión y la adaptación de la teoría marxista a la actualidad de los tiempos que transcurren.

El gran desarrollo tecnológico ha transformado al viejo obrero de la manufactura fordista en un obrero técnicamente calificado, con altos contenidos en conocimientos de informática, robótica y comunicaciones, que maneja la producción en plantas con los mejores adelantos científicos logrando niveles de productividad nunca antes conocidos. Esto permite que en Argentina, por ejemplo, se puedan producir 600000 autos por año a un promedio de 1650 autos diarios, una cifra que deslumbra. Y esto niveles de productividad se expresan en todos los rubros, sino no se podría explicar la invasión de productos asiáticos, especialmente chinos, donde la tecnología aplicada por una clase obrera disciplinada milenariamente hace la panacea a la burguesía transnacionalizada de China.

Este gran avance tecnológico, a la vez que ha acrecentado exponencialmente la producción, ha disminuido considerablemente la masa de obreros y ha desarrollado, por un lado, un amplio sector dedicado a la comercialización y a los servicios, y por otro lado, ha expulsado una gran cantidad de personas hacia la marginación, erradicándolas de todo trabajo posible, imposibilitándolas de producir su propia supervivencia y finalmente transformándolas en población sobrante, la cual nunca volverá acceder a un trabajo digno.

Esta “población sobrante” hace referencia a una situación distinta al antiguo ejército de reserva de la clase obrera, el cual cumplía el rol de regular los salarios a la hora de los reclamos por parte del proletariado y que tarde o temprano se reinsertaba en la producción debido a la necesaria rotación que regulaba el salario.

“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. (…) Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas, y están destruyéndose continuamente. Son remplazadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas (…) En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban así misma, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones.” (1)

Nada más claro que lo anterior, y eso que fue redactado en 1848, las condiciones materiales crean las posibilidades para revolucionar los modos de producción desarrollando las industrias y transformando las relaciones sociales.

Está claro que todos estos avances han disminuido en cantidad a la clase obrera, ahora lo que está en cuestión es si también ha transformado su rol histórico en los cambios sociales.

Muchos grupos en la diezmada izquierda discuten su rol, algunos construyen sujetos históricos en sectores que ni siquiera pertenecen a una clase y otros la revalorizan pero muchas veces de forma dogmática.

Existe una realidad que como siempre debe interpretarse desde una visión clasista, sin perder de vista el contexto histórico, los procesos políticos, los estadios de los mismos, la subjetividad alcanzada por las masas y el grado de consenso logrado por la burguesía y todos estos aspectos deben ser debatidos en forma colectiva con los compañeros insertos en sus lugares de trabajo.

Sin embargo, hay un gran problema a la hora de conjugar la política con la práctica organizativa, ya que en las principales industrias transnacionalizada , aquellas que por su peso económico tienen un rol destacado tanto en la economía como en la política “nacional” y marcan las condiciones del desigual intercambio, los obreros debido a sus conocimientos, a sus luchas y al alto grado de productividad que tienen han accedido a salarios relativamente altos en comparación de la gran mayoría de trabajadores, con lo cual la tarea de concientización y de acercamiento hacia posiciones revolucionarias es mucho más compleja.

Esta situación es la que complica la tarea de las organizaciones revolucionarias y también es la que alienta las posiciones socialdemócratas a desmerecer el rol de la clase obrera, otorgándole su rol histórico a otros sectores que debido a su condición de pobreza parecerían más inclinados a posiciones políticas de “izquierda”.

Esta revalorización de sectores empobrecidos muchas veces marginados de la producción es producto tanto de desviaciones ideológicas como del buen trabajo del enemigo y sus servicios de inteligencia, porque ellos más que nosotros saben del potencial que se encuentra en la clase obrera, la única verdaderamente revolucionaria por ser el producto más peculiar en el gran desarrollo de la industria, ya que las demás van degenerando y se van transformando según el desarrollo de los modos de producción. Y la historia como siempre nos demuestra la veracidad de la ideología del proletariado, para aquellos que en el 2001 agoraban la revolución por el aumento de los desocupados y las organizaciones piqueteras, en los escasos años que han transcurrido podemos observar que la gran mayoría de las organizaciones piqueteras o se convirtieron en mano de obra barata y clientelar de la burguesía de turno o se desintegraron transformándose en cooperativas subvencionadas y en el mejor de los casos solo unos pocos han accedido algún tipo de trabajo temporario, solo un pequeño grupo ha podido consolidar su organización pero no han logrado trascender las fronteras de sus territorios ni elevarse en referentes políticos de otros sectores o clases.

Por consiguiente volvemos a plantearnos quien es el sujeto histórico que se transformara en el conductor y en la dirección política de un cambio revolucionario. Quienes seguimos reafirmarnos las respuestas ya escritas por Marx, hace casi 200 años, porque vemos en sus escritos la capacidad de haber dilucidado el avance de las fuerzas de producción y el desarrollo logrado por el capital para su continua reproducción, entendemos que la clase obrera sigue siendo el producto más peculiar de la industria, aun en su avance más novedoso, que es la única capaz de seguir impulsando y dirigiendo un verdadero proceso revolucionario, a pesar de su disminución numérica, por ser portadora de los conocimientos técnicos en un presente cada vez más tecnificado y esencialmente por tener la naturalidad del trabajo colectivo y su valor estratégico para seguir reproduciendo su propia existencia y el de las demás clases.

El actual desafío es tratar de aunar esfuerzos entre las distintas organizaciones en un debate sincero, humilde y audaz con los tiempos que corren y nos impone la burguesía en su embate ideológico, despojarnos de prejuicios y recorrer un camino de entendimiento como nos demanda la situación histórica que nos empuja a tomar acciones y decisiones profundas y revolucionarias.



Guillermo Castelli.



Referencias

(1) Marx, C. y Engels, F. El manifiesto del partido comunista. Buenos Aires: Anteo. Pág. 39.







sábado, 24 de marzo de 2012

M-19 de Julio de Argentina: COMUNICADO CONJUNTO MIR Y FPMR DE CHILE

M-19 de Julio de Argentina: COMUNICADO CONJUNTO MIR Y FPMR DE CHILE: SOBRE LOS HECHOS DE JUNÍN DE LOS ANDES, ARGENTINA. 1. Como es sabido por la opinión pública, la madrugada del día 9 de marzo tuvo lugar en...

lunes, 13 de febrero de 2012

Mineras,represión y derechos humanos.

Como continuación al artículo sobre Peronismo y DDHH podríamos tratar de extender el mismo análisis a los recientes acontecimientos en Catamarca y La Rioja. Los proyectos de minería a cielo abierto generaron el resurgimiento de la movilización social para enfrentar tanto el nuevo emprendimiento de Fátima, firmado por el gobernador y patrocinado por el gobierno nacional, como los ya existentes en Catamarca.

Como decíamos en el artículo anterior hasta ahora la reivindicación de los derechos humanos se limitaba al enjuiciamiento de los militares de la dictadura, centralizando en ellos todo un proyecto económico, político e ideológico, cuando los mismos sólo habían sido la mano de obra barata y secundaria del terrorismo de Estado, ya que los verdaderos ideólogos de tan atroz proyecto eran los grandes capitales, hoy no solamente extrapolados del conflicto por el gobierno de turno sino siendo al igual que en los ’70 los principales motorizadores del propio sistema tanto en la centralización y concentración de capitales como en la producción del gerenciamiento político.

El rol del estado en la acumulación capitalista y como representante de la burguesía vuelve a explicitarse a medida que la renta social deja de alcanzar para el financiamiento de ciertas políticas de asistencialismo, que nunca fue una mayor distribución del PBI, y la momentánea meseta alcanzada en este ciclo económico se empieza a desdibujar. Frente a esta situación el Estado vuelve a ser disciplinador social a favor de las necesidades del gran capital por asegurar su renta.

Los acontecimientos en el norte Argentino debido a la imposición del proyecto minero y a las resistencias que se multiplican cada vez más en los diferentes pueblos han puesto al descubierto una vez más que las políticas de DDHH sostenidas por este gobierno lejos están de representar los verdaderos intereses de nuestro pueblo, sino que están dirigidas nada más a construir consenso político, a través del juzgamientos de viejos decrépitos, hoy descartables para el sistema, ya que aún posee las fabricas institucionales de las (FFAA) para seguir reproduciéndolos. Estos DDHH no dudan en reprimir a la gente por tratar de sobrevivir en sus lugares originarios en las mejores condiciones posibles, cuando ya no alcanza solamente con haber logrado un poco más de poder adquisitivo sino tratan de asegurar la protección de su ambiente natural ante la constante entrega de la tierra por parte de los gobiernos para la extracción de sus riquezas sin importar para nada el probable exterminio o contaminación de todo tipo de vida ya sea humana, animal o vegetal a costa de sus enriquecimiento de unos pocos.

Es lógico que el sistema de explotación capitalista empiece a mostrar resquebrajamientos, la seudo estabilidad económica solo fue producto del accionar de las masas en su irrupción política durante diciembre del 2001 por la cual la burguesía quedo avisada que ante el agudizamiento de la expoliación de las clases desposeída el caos y la ingobernabilidad podían agudizar la situación encausando la rabia y la furia del descontento social en algún tipo de organización capaz de poner en juicio la legitimidad del sistema burgués.

Hoy ante un nuevo escenario a nivel mundial donde una nueva crisis sacude la estantería del sistema de producción capitalista y del tipo de acumulación que este necesita es necesario volver a reorganizar la famosa distribución. Por esto es que hay que empezar a achicar nuevamente el rol del Estado, sacar el subsidio a las empresas privadas no es achicar sus ganancias sino reducir el nivel de acceso al consumo, sobre todo de los servicios básicos.

Y el conflicto desatado por la imposición del proyecto minero no escapa a esta lógica del modelo extractivo, está más que claro que a la hora de las decisiones el gobierno retoma su posición de fiel representante de los grupos económicos y si es necesario reprimir para asegurar el desarrollo del capitalismo ordenado lo va a hacer y sin que le titubee el pulso, de hecho no solo se reprimieron varios de los cortes como el de Belén , Amaicha del valle o Tinogosta en Catamarca con gases, balas de goma y perros sino que se impuso un estado de sitio controlando a todos los que circulan por el lugar a través de requisas y haciendo selectiva dicha circulación tanto para la prensa como para ciertos organismos de DDHH.

El progresismo K, todas las variantes del reformismo izquierdista que intentan continuamente revalidar el sistema de dominación como la posibilidad histórica, grandes defensoras de los DDHH como Cortiñas y Bonafini, personajes de la farándula como Víctor Hugo Morales y Paenza y los famosos intelectuales críticos tendrán que articular cada vez más los discursos para sostener la defensa del gobierno burgués y transnacionalizado que recorre nuestra época,. Semejantes acciones represivas eran parte del discurso del “nunca más” que vociferan los distintos representantes del aparato burocrático del Estado como los intelectuales orgánicos que le construyen el discurso y los que históricamente han defendido los DDHH y hoy se regocijan hablando de las bondades de este gobierno mientras las mazmorras del capitalismo siguen aceitadas y vigentes.